lunes, 31 de octubre de 2011

Cuando llueven sapos

Hoy os dejo con un artículo escrito por Álvaro

Cuando llueven Sapos 

 Llueven sapos, o al menos eso es lo que dice la sabiduría popular: después de los primeros chaparrones de otoño, por todas partes aparecen ranas, sapos y otros anfibios como de la nada, o como si hubiesen llovido del cielo. 

La realidad es que, como todos los años, cuando comienzan las lluvias otoñales, los anfibios salen de sus madrigueras y escondites en los que han pasado el tórrido verano y empiezan a buscar alimento y a migrar hacia sus santuarios de reproducción. Un acontecimiento que en algunos lugares puede adquirir proporciones fascinantes, y que nos muestra como la naturaleza renace y rebosa de vida. 

No siempre es fácil ver a estos discretos animales, pues son de hábitos nocturnos y se camuflan bien en su entorno. Además les gusta pasear bajo la lluvia, la cual viene acompañada casi siempre de un viento frío de Noviembre. En definitiva, justo cuando a nosotros, las personas, nos gusta estar en casa, recogidos delante de la chimenea y con un techo sobre nuestras cabezas. 

En estas fechas, decenas, e incluso centenares de individuos, salen cada noche para recorrer el largo camino que les lleva desde sus residencias de verano hacia sus lugares de puesta. Los sapos, como la mayoría de anfibios, pasan las primeras semanas de vida en forma de pequeños renacuajos que dependen enteramente del agua para vivir, y es por ello que sus progenitores deberán depositar los huevos en embalses y lagunas, y recorrer grandes distancias para encontrarlas. Por el camino, los sapos aprovechan para aprovisionarse de alimentos, ya que cuando busquen pareja en primavera, probablemente no tendrán tiempo de buscar alimento. Comen pues toda clase de insectos que se pongan a su alcance, y contribuyen de este modo a evitar que aparezcan plagas que puedan ser dañinas para los pastos y cultivos. Un pequeño regalo que la naturaleza le brinda al ser humano. 

Uno de los escasos lugares en los que se puede contemplar la migración del Sapo Común (Bufo bufo) en todo su esplendor, es precisamente a las afueras de la localidad de San Martín de la Vega, en la Comunidad de Madrid. 

Lamentablemente, si podemos verlos con tanta facilidad, es porque estos animales tienen la desgracia de tener que cruzar una importante carretera en su trayecto anual. La M-301, una carretera de reciente construcción, se yergue como imponente barrera mortal para estos afanados animalitos, y muchísimos mueren atropellados al intentar salvar el obstáculo. 

Aunque obstinado, el Sapo Común no se caracteriza por ser especialmente ágil, y los vehículos que circulan a gran velocidad por esta carretera no suelen percatarse tan siquiera de su presencia. Apenas aparecen como unos bultitos marrones contra un fondo negro, iluminados vagamente por los faros de los coches, ya que la M-301, además de no tener pasos específicos para fauna, también carece de alumbrado público. 

Por el momento, la situación para los anfibios en San Martín de la Vega no parece tener una solución inmediata a menos que se acometan importantes obras de reforma en la carretera, y por ello la supervivencia de la mayoría de los animales depende de las propias personas. Por un lado, no es difícil esquivar a estos animales cuando se sabe de su presencia, pero hay que tener cuidado de no realizar maniobras peligrosas en la carretera. Con sólo reducir la velocidad ya se gana muchísimo: no solo es más fácil evitar el atropello innecesario de los anfibios, sino que también se reducen los riesgos para los conductores, pues recordemos que los sapos migran sobre todo cuando llueve. 

También hay un grupo de voluntarios abnegados, que vienen de todas partes de la Comunidad de Madrid, y se organizan a través de la plataforma electrónica “Salvemos a los Anfibios”. Ellos intentan evitar los atropellos innecesarios, y ayudan a los sapos a llegar sanos y salvos al otro lado de la carretera. Sin duda, una importante labor para el medio ambiente, pero también un grave riesgo personal de ser atropellados.

Por ello, a los conductores les rogamos, ya sea por los anfibios o por los voluntarios, que este otoño conduzcan con precaución si van a usar la M-301 de noche y con lluvia. Con toda probabilidad, se encontrará con ambas “especies” en la carretera, y ambas desean vivir.

Por Álvaro Vallvé

5 comentarios:

Tere dijo...

me ha encantado esta entrada, la verdad es que escribes genial!

besitos!

http://ellassoloquierendivertirse.blogspot.com/ dijo...

Un articulo realmente bueno!

MUAKS

-Isabel-
http://ellassoloquierendivertirse.blogspot.com/

Raquel dijo...

que post más bueno!!escribes de maravilla desde ya te sigo!!

besazos!!

Teté dijo...

¡Hola! Muchas gracias a todos, pero este artículo ha sido escrito por Álvaro (mi novio), que de vez en cuando colabora con el blog. Así que todo el mérito es suyo :D
¡Besos!

MJ dijo...

Hola, y feliz 2012

gracias por el comentario y empiezo a seguirte

MJ